Visita del funcionario
El espectáculo estaba llegando al fin. Casi exhaustos, pero aplicando tanta fuerza como al principio, movíamos entre todos la gigante esfera metálica desde su interior. Las ovaciones del público casi no nos permitían oír las órdenes que gritaba el jefe respecto a la dirección y la fuerza a aplicar.
Ya casi no nos quedaba nada que beber. Habíamos bebido gran cantidad de la bebida densa, casi congelada que nos entumecía la boca y los labios. Sin darnos cuenta, según avanzaba la función, íbamos enseñando los dientes.
Una vez finalizado el espectáculo, mientras descansábamos todavía dentro de la esfera, entró el representante de la ciudad para saludarnos. No le hacíamos mucho caso, incluso nos burlábamos de él. Le propusimos ayudarnos a mover la esfera para aparcarla en su sitio, a lo cual accedió con emoción.
No se si fue uno de nosotros. Quizás fuimos todos a la vez los que empezamos a correr cada vez más rápido. Más rápido. Como lobos salvajes.
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