jueves, junio 10, 2004

Una mañana de domingo

Eufrasio saltó del campanario con la convicción del que está respaldado por
las leyes de la ingeniería. Se iban a enterar: Nadie más en el pueblo le
volvería a llamar "pajarraco" ó "cabeza de chorlito". El suelo se acercaba cada vez más deprisa y pronto llegaría a la velocidad crítica de sustentación y remontaría el vuelo.