viernes, enero 23, 2004

Tu llamada

Estoy convencido de que he elegido la mejor curva. Los mil metros que la preceden me permiten tomar velocidad. Miro de reojo, por última vez, el móvil. Ninguna señal. Cambio a quinta y hundo el acelerador. Sin miedo. Planeo durante unos segundos y, al fin, caigo. No sufro. Sabía que el dolor de tu indiferencia sería superior. (Pi, pi, pi, pit – pi, pi, pi, pit). ¡No es posible! Con las ulteriores fuerzas alargo la mano, pero no alcanzo el teléfono. Necesito oír tu voz. Debo abrir los ojos. Me siento desconcertado. ¡Mierda!... 8:00 AM en el despertador.